CARTA #134

Pero en este ascenso, hay un temor que me somete, ese momento inevitable cuando lo que sube, desciende.

El miedo de estrellarme, de que este amor se desvanezca, se disuelva, de enfrentar el suelo, el final, esa caída que aguarda, que acecha.

Y aún así, a pesar del dolor que este amor pueda traer, no hay nada más hermoso que este sentir por ti, este querer.

Es un fuego que calienta, que ilumina, incluso en el más frío amanecer, un consuelo en la soledad, un susurro que me ayuda a renacer.

Amarte es como danzar al borde de un abismo, un paso en falso, y el vacío será mi único destino.

Pero cada momento contigo, cada risa, cada gesto íntimo, vale la pena, incluso si al final, este amor es mi ruina.

Así que si mañana este amor finalmente cae, y me encuentro en pedazos, en el suelo, sin nadie que me acoja, quiero que sepas que cada fragmento, cada parte que de mí quede, gritará tu nombre, bendiciendo el día en que mi camino con el tuyo se entrelazó.

Porque, ¿sabes? A pesar de la tristeza, de la posible oscuridad, no hay nada más puro, más verdadero, que este amor que en mi pecho está.

Y si tener que decirte adiós es el precio que debo pagar, lo haré con una sonrisa, sabiendo que amarte fue lo mejor que me pudo pasar.


RECUERDA: Los que saben y sienten el amor verdadero se entregan sin olvidar su derecho de poner límites; y pretenden ser amados de la misma manera.

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